Tu trauma vive en tu entrepierna

Frida sandoval • 30 de enero de 2026

¿Alguna vez has sentido que estás viviendo tu vida conteniendo la respiración? No me refiero a dejar de respirar literalmente, sino a esa sensación sutil y constante de opresión en el pecho. Como si estuvieras esperando una mala noticia que nunca llega, o como si hubiera un corsé invisible apretando tus costillas que no te permite expandirte por completo.

Ese miedo silencioso que sientes por las noches, esa idea de que "algo está mal contigo" porque no logras conectar, sentir placer real o simplemente estar en paz, no es una locura tuya. Es tu cuerpo pidiendo a gritos regresar a casa. Es un síntoma de que has olvidado tu función más primitiva y divina: habitar tu propia piel.


Quiero que sepas algo antes de seguir: esto no es tu culpa.


En este episodio de Las 3 R's, Alberto conecta con una verdad incómoda: vivimos en una sociedad experta en la desconexión. Desde niños, el entorno, la educación e incluso la religión nos enseñaron a contraernos. Nos dijeron "compórtate", "cierra las piernas", "no llores", "modérate".

La invitada, experta en neurociencia de la respiración y alquimia femenina, lo pone sobre la mesa con una claridad brutal: nos hemos convertido en una manada de seres asustados, desconectados de nuestra parte animal y divina. Vivimos en la mente, juzgando lo que sentimos, mientras nuestro cuerpo (el vehículo real de la experiencia) se queda rígido, inflamado y en modo supervivencia. La soledad que sientes no es falta de gente, es falta de ti mismo dentro de tu cuerpo.

Aquí es donde la conversación pasa de lo "místico" a lo puramente biológico. No es solo "energía", es química dura.


El episodio revela un mecanismo fascinante: El Óxido Nítrico.


Cuando respiramos de manera consciente y profunda, y logramos soltar la tensión en el suelo pélvico (lo que la experta llama genialmente "relajar la raja"), el cuerpo libera óxido nítrico. Este gas actúa como un vasodilatador natural —un "viagra" sistémico, si quieres verlo así— que inunda tus células de sangre, oxígeno y vida.


Pero si vives contraído (con el "culo apretado" por el estrés o el miedo), cortas ese flujo.


  • Sin flujo no hay oxitocina (la hormona de la vinculación y seguridad).


  • Sin oxitocina, el cortisol (estrés) se dispara.


  • Y con el cortisol alto, la inflamación crónica se instala en tu cuerpo.


Tu biología necesita sentir placer y seguridad para repararse. Si no relajas, no sanas.


Para entender la magnitud de esto, la invitada comparte su propia historia de origen, y es desgarradora. Ella no llegó a la respiración por moda, llegó por supervivencia.

Nació asmática grave. Imagina ser una niña pequeña donde cada inhalación se siente como si fuera la última. Vivía dependiendo de corticoides, en un estado de alerta constante, sintiendo que la vida se le escapaba.

Ella explica que el asma, desde la medicina china, está ligado a la tristeza y a la incapacidad de tomar tu propio espacio. Describe cómo, a veces, el amor materno o del entorno puede ser tan sobreprotector y "apretado" que, literalmente, asfixia la soberanía del niño. "Nadie puede respirar por ti", dice. Esa lucha por cada bocanada de aire fue su despertar: tuvo que aprender a expandirse, a romper el molde de "niña buena y reprimida" (educada en el Opus Dei, donde el cuerpo era pecado) para reclamar su derecho a estar viva, a sentir placer y a respirar sin pedir permiso.

¿Te das cuenta? Respirar no es solo un acto mecánico; es un acto de soberanía.


Es hora de dejar de buscar la cura mágica afuera. La herramienta más potente para regular tu sistema nervioso, bajar la inflamación y reconectar con el placer es gratis y ya la estás haciendo (probablemente mal) ahora mismo.

Ser valiente hoy en día no es trabajar más horas ni aguantar más dolor. Ser valiente es atreverte a sentir. Es atreverte a soltar la tensión de tu abdomen y tu suelo pélvico, y permitir que la vida te penetre. Recupera tu biología. Tienes derecho al placer, tienes derecho a la salud y, sobre todo, tienes derecho a ocupar todo tu espacio.


En el episodio, Alberto menciona un elemento crucial que acompaña este proceso de reconexión y vitalidad: la "medicina de la luz". Para apoyar a tu cuerpo en este proceso de expansión, a veces necesitamos un empujoncito biológico, especialmente si pasamos mucho tiempo en interiores.


D-CHARGE (Vitamina D3) ☀️

  • No es una cura mágica, es el soporte base que tu organismo requiere para funcionar como se diseñó bajo el sol.


  • 🛡️ Favorece tu escudo natural: Contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunológico, ayudándote a sentirte más fuerte.


  • 🦴 Soporte estructural: Apoya el mantenimiento de tus huesos y la función muscular (clave si estás empezando a moverte y reconectar con tu cuerpo).


  • 🧠 Claridad y equilibrio: Se vincula con la regulación del estado de ánimo, propiciando esa sensación de enfoque y calma mental que buscamos al respirar.


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Por Frida sandoval 26 de diciembre de 2025
Te subestiman, te lastiman… y los ganas Hay experiencias que parten tu vida en dos. No porque sean glamorosas, sino porque te obligan a preguntarte: “¿De qué estoy hecha realmente?” Eso le pasó a Ceci Flores, actriz, conductora y directora, cuando decidió dejar la universidad por un semestre, apagar el celular, despedirse de su familia y entrar a un reality extremo: Reto 4 Elementos, Naturaleza Extrema. Diez semanas en la selva. Sin reloj. Con poco sueño, poca comida… y muchos bichos. Empujar barriles que pesan el doble que tú, colgarte casi 40 minutos de un poste, comer cucarachas y licuados imposibles mientras la cámara te apunta… y aun así no rendirte. No por un premio, sino por algo más profundo: demostrarte que no te subestimaste. Esta es la historia de una mujer que descubrió que su fuerza real no estaba en sus músculos, sino en su mente. Y que hoy nos viene a recordar algo incómodo, pero liberador: el límite casi nunca está afuera… está en tu cabeza. Cuando el problema es creer que “no puedes” Tal vez tú no estás en una selva comiendo larvas, pero sí viviendo tu propio “reality” diario: Te da miedo intentar algo nuevo porque “¿y si fallo?” Te aterra salir de tu rutina, aunque ya no te haga bien. Crees que el cansancio, el estrés o la falta de energía “así son” y punto. Te comparas con los “más fuertes”, “más grandes”, “más preparados” y decides que tú no. Nos pasa a todos: confundimos comodidad con seguridad y evitamos cualquier reto que nos saque de la zona conocida. Ceci también era así en algo muy puntual: no soportaba ni ver un bichito cerca. Y terminó con una tarántula caminando por su cuerpo… y sin entrar en pánico. No porque de repente “dejara de tener miedo”, sino porque entendió que puedes seguir adelante incluso con miedo. Y ahí cambió todo. La mente más fuerte que el cuerpo Cuando Ceci recibió la llamada para entrar al reality, estaba a media carrera de cine. Tenía una regla familiar muy clara: primero la escuela. Y aun así, su papá le dijo algo que le cambió la jugada: “Estás estudiando para tener una gran vida profesional. Si esta oportunidad puede ayudarte en eso… tómala.” Con esa bendición, Ceci se fue 10 semanas a la selva. Ahí se encontró con tres grandes maestros: El cuerpo que aguanta más de lo que creías Antes del reality, Ceci entrenaba como “flaca cuidadosa”: poco peso, miedo a lastimarse, mucho límite mental. En el juego se topó con: Empujar barriles gigantes pesando apenas 44 kilos. Cargar, jalar, trepar y aguantar tiempos que jamás había imaginado. Competir lesionada: nervio del bíceps lastimado, dedos esguinzados, rodilla golpeada. Y aun así seguía. No porque el dolor desapareciera, sino porque descubrió que la cabeza decide antes que el músculo cuándo te rindes. El hambre, el sueño y la incomodidad como entrenamiento mental Nada de buffets, nada de “healthy brunch”: Días enteros a base de huevo, arroz, un poco de pollo y crudités ralladas. Horarios rotos: grabar a medianoche, dormir en el piso, levantarse sin saber qué hora era. Aprender a disfrutar cuatro horas de sueño como si fueran ocho. El cuerpo se adapta. La mente se queja primero… o se vuelve cómplice. El equipo como gasolina emocional Había pruebas en las que el cuerpo ya no daba, las lesiones pesaban y la nostalgia por la familia pegaba fuerte. Ahí aparecía su equipo: Compartir la comida con quienes estaban peor. Cuidarse entre todos cuando alguien se lesionaba. Recordarse mutuamente que nadie gana solo, aunque la final sea individual. En la pista final, Ceci no era la más grande ni la más “imponente”. Pero sí era la que mejor conocía cada obstáculo, cada truco, cada detalle del circuito. Mientras otros llegaban con fuerza bruta, ella llegaba con estrategia, experiencia y enfoque. Y eso hizo toda la diferencia. Ejemplos reales de una mente que decide no rendirse Hay escenas del reality que Ceci nunca va a olvidar… y que tú tampoco cuando las escuchas: Comer cucarachas… y seguir adelante En los retos de “inframundo”, Ceci llegó a comerse 36 cucarachas a lo largo del programa, además de licuados con órganos y mezclas que daban náusea solo de olerlas. Terminaba la prueba, salía a vomitar, tomaba agua, volvía a vomitar… y luego regresaba a competir. No se trataba de “aguantar por aguantar”, sino de decirse: “Si ya pasé por esto, no me voy a ir a la primera.” Dormir poco, sin reloj y sin quejarse (tanto) Los días podían terminar a las 3 de la mañana y volver a empezar a las 6. Sin idea de la hora, sin cama, sin baño cómodo. El cuerpo se confunde, la mente también. Ceci eligió una estrategia: estar presente en el juego .  No pensar en lo que pasaba afuera, no instalarse en la queja, no vivir en el “cuando salga de aquí”. Un día a la vez, una pista a la vez, un reto a la vez.
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